HISTORIA DE LOS AZULEJOS DE SEVILLA

HASTA EL SIGLO XV




Alicatados

El alicatado es un revestimiento plano conseguido colocando pequeñas piezas de diferentes formas geométricas ("Alíceres") que, como comenta Gestoso, "los albañiles cortaban con la herramienta que se conoce con el nombre de "pico", de placas y losetas monocromas blancas, verdes, azules y meladas, yuxtaponiendolas, y por tanto sin que entre ellas hubiese más línea divisoria que la del corte".

El alicatado fue el primer revestimiento cerámico utilizado en Al-Andalus para adornar los muros interiores de las edificaciones, ya que para los exteriores y los pavimentos de las casas se conocía el uso de las losetas esmaltadas con estaño. El origen de los alicatados puede encontrarse en el gusto de los pueblos nómadas del desierto por decorar las paredes de sus jaimas con vistosos tejidos. Así, cuando aquellos pueblos se hicieron sedentarios en Al-Andalus y cambiaron sus jaimas por viviendas perdurables, encontraron en los revestimientos cerámicos un material adecuado para decorar de forma duradera estos nuevos espacios vitales sin modificar sus patrones estéticos ancestrales. Es por ello,que la estructura decorativa de los alicatados imita la de aquellos tejidos nómadas.

En Sevilla, los zócalos de alicatado más sobresalientes pueden admirarse en Los Reales Alcázares , en la Iglesia de San Gil y en la Casa Olea, y también pueden verse muestras de alicatado en la portada del monasterio de San Isidoro del Campo y en las ventanas y fachada lateral de la iglesia de Omnium Sanctorum .

La técnica del alicatado se practicó durante más de doscientos años experimentando una evolución que en el aspecto técnico se materializó , según Pleguezuelo "en el aumento progresivo del tamaño de las piezas y una mezcla de los temas de lacerías encintadas con otros polígonos geométricos más simples que denotan contactos con la pintura mural gótica o motivos figurativos que evidencian conexiones con obras italianas renacentistas", en tanto que en el aspecto cromático "los primeros alicatados datados suelen mostrar preferentemente una gama fría de negros, blancos yazules turquesas, y las fases más avanzadas incorporan otros más cálidos anaranjados, rojizos y verdes" mientras que "los de principios del siglo XVI coinciden con los vedríos empleados en los azulejos de cuerda seca o de arista: blanco, negro, azul-celeste, verde, melado y a veces morado claro e incluso dorado".

Azulejos de cuerda seca

La elaboración de los alicatados suponía tal dificultad y tan elevado coste, tanto en mano de obra como en tiempo, que "hizo pensar ", dice Gestoso, " a los ceramistas y albañiles de aquel tiempo, en adoptar un sistema que fuese más fácil y económico y que viniera a producir análogo efecto, y entonces, inventaron la labor llamada en documentos de esta época de cuerda seca", procedimiento que, por otro lado, era conocido desde época califal y muy empleado en la decoración de vajillas y que, siguiendo a Gestoso "Consiste en imprimir sobre el barro por medio de una placa o matriz metálica, que algunos creen que fué de madera, cualquier dibujo, quedando en relieve las líneas y perfiles de los adornos, las cuales por uno y otro lado a su vez, ofrecen también líneas que se ven rehundidas, y además, hállanse perfiladas como dijimos, con grasa y manganeso, cuyas sustancias dejan aisladas por completo las tintas polícromas con que son esmaltados los referidos adornos y figuras del azulejo. El pincel cargado del vidrío deposita en los centros los diferentes esmaltes y por consiguiente, vienen a resultar en cada uno de los espacios circunscritos por las líneas del manganeso, unos adornos en bajísimo relieve, analogos a los que los franceses llaman cloissons".

La técnica de la cuerda seca aplicada a los azulejos comenzó a utilizarse en Sevilla a mediados del siglo XV constituyendo una producción dirigida a una clientela muy selecta, entre la que se incluyeron los propios Reyes Católicos. Los ejemplos más representativos de estos azulejos son los que componen el zócalo de la capilla de los marqueses de Tarifa (Casa de Pilatos), con decoración a base de lacerias, el conjunto del claustrillo de la Cartuja de las Cuevas y los de la capilla mayor del Monasterio de Santa Paula, todos ellos en Sevilla. Fuera de nuestras fronteras, en Portugal, se encuentran dos importantes ejemplos de azulejos sevillanos de cuerda seca, como lo son los que adornan el Palacio Nacional de Sintra y los de la Iglesia de Santa María do Castelo en Abrantes.

La técnica de la cuerda seca se empleó también para la realización de placas heráldicas utilizadas para indicar la propiedad, el patronazgo o la jurisdicción sobre algún espacio por una familia noble. Ejemplos de tales placas son el Escudo Real de la Alondiga del grano de Sevilla, de 1503, (conservado en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla), o el que adorna el Sepulcro de D. León Enriquez en la Iglesia de Santa Paula , coronado por una inscripción realizada también en cuerda seca.

Azulejos de relieve

Durante los siglos XIII y XIV se produjeron en Sevilla un tipo de azulejos con los motivos, generalmente heraldicos,realizados en relieve obtenido mediante molde, que fundamentalmente fueron empleados como pavimentos para enterramientos. A este grupo de azulejos pertenecen los que Gestoso cita como aparecidos en la iglesia de Santa Marina, los de la nave del "Lagarto" de la Catedral Hispalense y los que llama de "San Andrés", de los cuales se conservan nueve ejemplares en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla.