HISTORIA DE LOS AZULEJOS DE SEVILLA

EL SIGLO XVIII




En el siglo XVIII se agrava la decadencia de la producción cerámica sevillana, tanto en lo concerniente a la loza como a la de azulejos, como queda patente al comparar las cifras de los 82 hornos existentes en Triana en 1721 publicadas por Justino Matute, extraidas de los datos del Marqués de Torreblanca, con los 23 maestros alfareros que quedan en Triana según las referencias de Antonio Ponz en su "Viaje de España".

En el dieciocho se extiende la producción de cuadros de santos para adornar las fachadas de las edificaciones religiosas, costumbre que se amplia al uso de paneles de azulejos para componer Via Crucis, y la de zócalos, que ahora se caracterizan por representar escenas historiadas, en los que a veces el tema se populariza y pierde su caracter religioso.

Al mismo tiempo, la llegada masiva de azulejos de Delf a Sevilla, y la popularización de nuevos usos de los azulejos para zonas de servicio, propició el surgimiento, por imitación, de los denominados "azulejos de montería".

Los zócalos y paneles pintados sobre azulejos.

Son muy pocos los conjuntos de azulejos firmados en el siglo XVIII por lo que es dificil la asignación de las obras a sus autores. Por ello, en lugar de repasar las posibles atribuciones, nos detendremos en una serie de zócalos interesantes y, posiblemente, representativos de los distintos estilos al uso durante esta centuria.

A principios de siglo, persiste el gusto por las pinturas monocromas (en azul sobre blanco), pero el estilo se populariza y se hace más historiado, como el que aparece en el zócalo de una capilla de la iglesia parroquial de Rota (en la provincia de Cádiz), el de la capilla de la casa número 2 de la actual calle Gordillo de Osuna, y el del comedor de verano del palacio del Conde de Lebrija , que posiblemente sean obras del mismo autor de nombre desconocido. Otro conjunto de obras del primer tercio del siglo, de un estilo común, esta vez con viva policromía, personajes de fisonomía deforme y cierta influencia talaverana, incluyen, por ejemplo, el zócalo de la capilla de la Hacienda de Palma Gallarda (1726), cerca de Carmona (Sevilla), el panel de San Jerónimo situado en una fachada cercana a la puerta de Sevilla en la misma Carmona y el conjunto de paneles de Santos del Camarín de San Agustín en Osuna (Sevilla).

Una obra singular con escasos precedentes en Sevilla y de la que son autores Juan de Dios Moreno y Juan Isidro Ramos, según el documento por el que les fue encargada en 1723, es el conjunto de terracotas vidriadas de color, ya que no pueden ser considerados propiamente como azulejos, que representan variadisimos motivos (querubines, una torre, estrellas, el sol, la luna, casas, una cruz, espigas, uvas, pámpanos, un dragoncillo, etc) que todavía hoy decoran la parte exterior de las ventanas de la capilla sacramental de la iglesia sevillana de Santa Catalina .

Está documentado que en 1732, el pintor de azulejos Juan de las Casas, realizó el frontispicio de la Sala Capitular del antiguo Ayuntamiento de Córdoba, y otro azulejero, Juan Diaz , firmó el pequeño panel de la torre de la Giralda , fechado en 1758, situado en el centro de un tablero de zócalo de azulejos de la iglesia parroquial de Santa Ana.

Más importante es, sin duda, la obra de otro conocido pintor de azulejos, José de las Casas ,del que se desconoce si fue pariente de Juan, que firmó el interesante zócalo de la capilla Sacramental de la iglesia parroquial de Rota (en Cádiz), en 1755, y al que se le atribuyen otras obras como los azulejos de la torre campanario del Hospital de la Caridad de Sevilla, o el Via Crucis del patio del hospital de Mujeres de Cádiz (1749).

En la segunda mitad del siglo, existe un conjunto de obras, unas monocromas y otras polícromas, que pudieran haberse producido en un mismo taller y entre los que citaremos el zócalo de la Iglesia del convento de San Francisco de Arcos de la Frontera (Cadiz), realizado entre 1750 y 1760, los zócalos del Hospital de San Juan de Dios en Granada (entre 1751 y 1754), y el zócalo policromo de influencia valenciana que reviste la galería del Jardín del Palacio Arzobispal de Málaga (hacia 1755).

Por último, en cuanto al tema de zócalos dieciochescos se refiere,es necesario nombrar dos zócalos de finales de siglo existentes en dos conventos de Osuna, el del claustro del monasterio de la Encarnación , de temática alegorica diversa (de escenas de caza, las estaciones del año, los cinco sentidos, etc), y el de la sacristía del convento de Santa Catalina, de escenas propias de montería.

La producción de paneles de santos o de tema religioso fue muy extensa durante todo el siglo XVIII, y aunque fueron destruidos en su mayor parte durante la Revolución de 1868, a principios del siglo veinte todavía se encontraban in situ 23 en Sevilla. En estos paneles, ocasionalmente, aparecen los fondos amarillos, reminiscencia del estilo de Augusta, y que está presente, por ejemplo, en los paneles situados en el campanario del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla, de 1721, en el panel de Santa Bárbara, que adorna la portada de una hacienda en Dos Hermanas, o en el panel de San Fernando , en la portada del convento de la Trinidad de Sevilla. Otros paneles interesantes son el Panel de Cristo y el Cirineo que, procedente del convento de San Felipe Neri, se conserva hoy en el Museo de Bellas Artes, y el existente en la fachada del convento de Santa Clara . Añadiremos, por ser de mi ciudad natal, el panel de la Resurreción, de autor anónimo, fechado en 1742, que decora la fachada de la antigüa iglesia del Hospital de la Santa Resurrección de Utrera.

Dentro del capítulo de los paneles de Santos, aunque con matices bien diferenciados, hay que considerar el tema de los Via Crucis, que se situaban tanto en los conventos (ya en los compases, claustros o huertos de los mismos), como a lo largo de las calles situadas en los alrededores de una iglesia parroquial. Como ejemplo de via crucis, proponemos el del claustro del Convento de la Encarnación de Osuna (Sevilla).

El azulejo de montería

El tipo de azulejo más emblemático del siglo XVIII en Triana es, probablemente, el azulejo conocido por los coleccionistas como "tipo Delf", cuyos antecedentes se remontan a los realizados en Faenza hacia 1500, desde donde el modelo pasó a la ciudad holandesa de Delf en el siglo XVII, para fabricarse en gran cantidad, generalmente monocromos en azul y utilizando un sistema de fabricación rápida y barata (como es el procedimiento de trepa o estarcido), y desde donde, por fin, llegaron a España en grandes cantidades, para ser reinterpretados por los alfareros de Triana.

El azulejo trianero "tipo Delf" respeta el esquema compositivo de los holandeses con un tema central e independiente para cada pieza, que es enmarcado por un circulo tangente a los límites cuadrados del azulejo,reservandose los ángulos para dibujar un punto o una flor de trazos groseros, pero además de ser realizados en color azul, en Triana se realizan también en policromía. 

El tema de estos azulejos es muy variado siendo frecuentes los astros (el sol, la luna, las estrellas), los dibujos de personajes bien de busto o cuerpo entero (damas, letrados con quevedos, leñadores,...), cestos con flores, y el más frecuente, el de "montería", que acabará desplazando a los demás motivos, y que está representado con figuras como pájaros, liebres, venados, jabalíes, cazadores, etc, en piezas que, como dice Gestoso, "si bien se revela a primera vista lo deficiente e incorrecto del dibujo, no deja de llamar la atención el sentimiento de la línea, la vida que daban a sus figuras, tanto a las humanas como a las de animales, la ligereza y espontaneidad para trazar paisajes con edificios tan inverosímiles como caprichosos". 

En cuanto al uso de tales azulejos, dada su temática circunscrita a cada pieza, que permite su colocación en lugares de perfil irregular, se utilizó para revestir superficies de zonas de servicio como los hogares de las cocinas, interiores de las alhacenas, fuentes de los patios , y los peldaños de las escaleras donde, a veces, se desarrollan escenas completas en sentido horizontal para cada uno de los escalones.

 

Como pieza complementaria se fabricaron los denominados alizares, que, decorados con motivos similares a los azulejos que complementan, recubren las aristas de los lugares revestidos por aquellos.

El azulejo de propio

Se han llamado azulejos "de propio", o también "de censo", a un tipo de placa o azulejo muy empleado desde el siglo XVII, para, colocado en las fachadas de los inmuebles, dar noticia de la propiedad de los mismos por parte de entidades religiosas o familias nobiliarias. Generalmente representan un escudo o emblema de la institución, a veces completado con un corto texto y/o el número de inventario.

En 1771, siendo Asistente de Sevilla Don Pablo Olavide, se produjo la primera división administrativa de la ciudad en cuarteles, barrios y manzanas, que sustituría a la otorgada por Fernando III en 1248 tras la reconquista de Sevilla y que organizaba la ciudad en collaciones parroquiales. Además se comenzó a dar verdadero nombre al callejero, con lo cual surgió la necesidad de su señalización. Esta necesidad fue resuelta por medio de pequeñas losetas de cerámica, que los coleccionistas conocen como "azulejos de Olavide" y que comprenden tres tipos: unos que indican el cuartel, barrio y manzana correspondiente, otros que hacen referencia al nombre dado a la calle, y otros, por último, que indican el número de cada casa. Todavia, hoy, es posible encontrar in situ muchas de estas piezas.

La decadencia del azulejo sevillano de la primera mitad del XIX y su nuevo resurgimiento a finales de siglo

Si en el siglo XVIII la producción cerámica trianera estaba en franca decadencia, este panorama se agravó como consecuencia de una serie de circunstancias tales como la invasión francesa de 1808, la carencia y consiguiente encarecimiento del plomo, materia prima imprescindible para la producción, y la disminución de la demanda exterior, tanto de Portugal, inclinada hacia el consumo de las lozas inglesas, como de America, que con la libertad de comercio, se surtía ahora de Valencia y Cataluña "con cuyos precios y perfección de la obra no pudieron competir nuestras fábricas", según comenta Gestoso.

La producción de azulejos en este ambiente decadente se redujo, practicamente, a los de montería, cuya producción se mantuvo durante todo el siglo; a los azulejos de propio, especialmente las placas indicadoras de seguros de incendio, a los paneles de santos, mucho más modestos que los de siglos precedentes, y a un tipo de azulejo de tema único , generalmente solucionado con un ramillete de flores pintado en monocromía azul o policromía poco luminosa sobre fondo blanco, que se destinaba a decorar zonas de servicio como poyetes de cocinas, alhacenas o fuentes.

A mediados del siglo XIX se produce un fenómeno de recuperación de la cerámica sevillana, y especialmente del azulejo, debido a una serie de factores concurrentes: La corriente historicista imperante en el último tercio del siglo, que llega a influir en los artesanos trianeros; las enseñanzas recibidas por algunos pintores de azulejos en la Escuela Provincial de Artes e Industrias y de Bellas Artes, donde tuvieron la ocasión de ser discípulos de pintores y escultores de primera fila; las obras de restauración de los Reales Alcazares y otros monumentos mudejares, que exigió a los alfareros locales el esfuerzo de imitar las piezas originales; la premeditada y decisiva intervención de un erudito, historiador, arqueologo y coleccionista, D. José Gestoso y Pérez, que tomó como empresa personal tal recuperación; y las exposiciones industriales nacionales e internacionales, que llegan a su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX, y que más que conseguir la pretendida difusión de los productos cerámicos sevillanos, sirvieron para aumentar el prestigio local de los mismos y el empuje producido por el establecimiento en 1841 en Sevilla, en el Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas recientemente desamortizado, una industria de loza al estilo de las inglesas de Staffordshire, que además apostó por la recuperación de los motivos puramente locales, contagiando a los alfares tradicionales trianeros.

El resultado de todo ello fue la recuperación de las ténicas y estilos decorativos de los azulejos de cuerda seca, arista o cuenca y planos de los siglos XV y XVI, mediante procedimientos industriales de planchas, prensas y nuevos esmaltes cerámicos. En dicha recuperación tuvieron especial protagonismo Manuel Soto y Tello (1855), que impulsó la recuperación de la pintura sobre azulejo plano; José y Miguel Jimenez (1878) que recrearon la ténica de arista e introdujeron las nuevas dimensiones para estos azulejos, de 14 por 28 cm.; y Fernando Soto que asociado con José y Enrique Mensaque (1889) recuperaron la ténica de la cuerda seca y del reflejo dorado.

Todo este periodo, del que existen innumerables muestras repartidas por toda la ciudad de Sevilla y especialmente en las instalaciones efectuadas para la Exposición Iberoamericana de 1929 (concretamente en la Plaza de España y los jardines de María Luisa), entra a formar parte de lo que algunos han comenzado a llamar "la segunda epoca" del azulejo sevillano, que queda fuera, por su extensión, de los márgenes previstos para este sitio web.